Querida taberna, cómo me cautiva a mí eso de la aristocracia! Ese universo del “dolce far niente” rodeado de lujos, de arte y glamour… Qué lástima vivir hoy la era de la mediocridad más descarada y altanera! A eso debo considerar triunfo democràtico y justo? Qué mala sombra que yo haya nacido plebe con alma y gustos de noble! No bromeo en absoluto. La democratización parece que inevitablemente haya conllevado a la masificación, y esta a la devaluación de todo: hablamos fatal, no hay buenos modales ni reglas convencionales para convivir, proclamamos la intimidad a los cuatro vientos, abunda el mal gusto, se pierde la elegancia en gestos, atuendo y palabras… La clase obrera, los pobres de entonces, son tan distintos! Estoy, cómo no, a favor de la igualdad, de los derechos, de la justicia social, sin embargo, algo ha fallado, o no? Porque la injusticia y las diferencias se acrecentan hoy sin que esté clarito dónde están “los malos” que mandan y dirigen de verdad. Mi abuelo pate...
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